Desconocida en el metro

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Usuario Desconectado. Visto por última vez 1 year 40 weeks. Desconectado
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Sucedió un día cualquiera en una ciudad cualquiera de España. Yo soy un chico normal, de 25 años. Estaba en el andén del metro, esperando. Estaba a rebosar de gente. Cuando vino el metro, estaba muy lleno, por lo que nos tuvimos que apretar como pudimos. Yo estaba aprisionado entre dos señores altos y una señora algo gruesa, a la que para más incomodidad olía un poco a sudor. Cuando llegamos a la siguiente parada aun entro más gente, por lo que aquello era ya agobiante. Por suerte la señora se bajó al poco, dejando delante de mí a una chica más bien bajita, morenita. No le hubiera prestado mucha atención en condiciones normales, por el sueño que todavía arrastraba de la mañana, pero es que desde mi posición, y pese a no verle prácticamente la cara pues la tenia constantemente girada hacia la izquierda, se le divisaba a la perfección un escote de escándalo, de tal forma que podía ver desde arriba sus dos senos perfectamente abultados, pitos hacia el frente e incluso al estar ligeramente separados podía ver incluso lo que me pareció era el ombligo. No llevaba sujetador, a no ser que llevara uno de esos inventos que se ponen debajo de las tetas para elevarlas. Eran increíbles. Daban unas ganas de meterle la mano bajo la camiseta escotadísima que llevaba para sobarle esos seguro que impresionantes pezones.

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Estaba yo con mi mente y mi vista entretenida, cuando noté que la chica se pegaba en exceso a mí. Al principio lo creía normal, pues aquel vagón estaba a reventar, como los demás. Pero pese a ello siempre intentas hacerte un pequeño espacio, que en este caso no se daba. Ella se apretaba más y más a mí. Como era pequeñita, notaba que mi entrepierna estaba tocando la curva del final de su espalda con el principio del culo. Pude divisar desde arriba que llevaba unas mallas muy ajustadas blancas, y parecía adivinarse un tanga súper fino a través de ellos. Yo llevaba unos pantalones de tela fina, por lo que notaba prácticamente todo, y entre el roce que ella producía en mi polla y la visión de sus pechos me estaba poniendo a mil. Yo como tenía mi polla orientada en el calzoncillo hacia abajo, se me puso erecta hacia abajo, por lo que la parte final de mi ya enorme polla estaba ubicada entre los dos cachetes del culo de la chica morbosa. Ella se debió de dar cuenta porque empezó a hacer un ligero sube-baja a lo largo de mi pene que hacía que me latiera de excitación. No me lo podía creer. Había leído relatos de cosas parecidas, pero siempre me habían parecido irreales. Y ahora me estaba sucediendo a mí.

La chica en cuestión yo creo que no sabía quién tenía detrás. Sabía que era un hombre, pero en ningún momento me había mirado. Yo creo que no sabía si tenía 20 o 50 años. Yo como estaba ya muy caliente, me apreté mas a ella, por lo que la sobada era espectacular. Bajé una de las manos y le saqué su camiseta de las mallas por un lado, de forma que podía acariciar ligeramente su fino vientre. Le hacía círculos alrededor del ombligo y en algunos momentos bajaba la mano hasta la goma de las mallas y le metía dos dedos entre las mallas y el tanga, lo que me llevaba a rozar sus pinchantes pelitos de su seguro coño depilado. Ella acachaba la cabeza mientas se apretaba a mí. Tanto que incluso liberó una de sus manos y se la llevó por detrás de su espalda hasta mi culo, para afianzarse más todavía en el roce que llevábamos. No sabía si alguien miraba o no. Tampoco me interesaba. Estaba en una nube ebrio de hormonas y sexualidad.

Una de las veces que me introduje bajo sus mallas fue para meter toda la mano, por lo que alcancé a notarle sus labios vaginales, intentando acariciarle en círculos su clítoris. Noté como suspiró hondamente. Estuve casi un minuto con esa operación, hasta que le noté un pequeño sonido de placer, por lo que dejé la maniobra por miedo a ser descubierto por las personas de alrededor. Subí la mano hasta sus pechos, confirmando que no llevaba sujetador. Pude tocar sus pezones, que a estas alturas estaban muy duros y puntiagudos. Increíble lo que me estaba pasando. Ella ya había bajado mi bragueta y entre mi cuerpo y el suyo había metido la mano en mi polla, la cual muy hábilmente retiró la piel del glande y estaba acariciándolo en toda su extensión, favorecido por mis líquidos preseminales. Creo que en ese momento se dio cuenta de la verdadera magnitud de mi polla. Tiene unos 18-19 centímetros de longitud, pero lo mejor es lo gruesa que es. Y además con la excitación que llevaba y el morbo acumulado, el glande lo tenía que explotaba.

A todas estas ni yo le había visto la cara todavía ni ella a mí. Todo esto me ponía muy cachondo y a la vez nervioso. El metro paró, y cuando se abrieron las puertas, me cogió de la mano y me arrastró al exterior. Así que ahí estaba yo, siguiendo con pasos acelerados a una chica que ni conocía, que ni sabía que cara tenia, que arrastraba de mi cogido de la mano y hacia no se sabe dónde. Además con la bragueta abierta, y no podía cerrármela con una mano por lo que iba disimulando poniéndome la otra mano en el cinturón. Entonces pude comprobar la perfección de sus formas al andar. Las mallas que tenia le sentaba extraordinariamente bien. Tenía un culo súper bien formado, sin llegar a ser de grande como las brasileñas, pero muy duro. Y unas piernas que denotaban que hacía deporte o iba al gimnasio asiduamente. La pena era que no podía ver como se le movían sus dos preciosas tetas con el paso acelerado que llevaba, pues yo caminada como a medio metro detrás de ella.

De repente entramos a través de una puerta, y seguidamente otra, para entrar en otra más. Estábamos en unos wáteres públicos. Cerró la puerta tras de mí, y rápidamente se sentó en el inodoro y sin que pudiera verle todavía, pues hizo un movimiento rápido y su melena le tapó prácticamente la cara, se colocó frente a mí a la altura de mi polla, metió la mano en la bragueta y sacó mi verga rápidamente. Estaba empezando a “deshincharse”, pero aun mantenía un buen tono a pesar del ajetreo de la pequeña caminata. Se la introdujo en la boca y empezó a mamármela de forma increíble. Casi de forma brutal. Pero de forma muy experta. Me estaba dando un placer increíble. Se pasó casi 5 minutos así. Tras esto se dio la vuelta y se colocó con las manos en la pared del inodoro, y bajándose las mallas, se retiró a un lado el hilo del tanga que pasaba a través de su culo. No hacía falta ser muy listo para comprenderlo. La cogí por la cintura y le introduje toda la longitud de mi polla en su interior. Fue fácil, por lo lubricada que estaba ya con sus líquidos vaginales.

Le estuve dando fuerte durante casi otros 5 minutos. En ese tiempo entraron un par de personas, lo que hizo que bajara mi ritmo, para no transmitir ruidos al exterior. Desde mi posición le observé perfectamente su ano. Me vino a la cabeza el metérsela por el culo, pero me pareció muy fuerte. Nunca lo había hecho y me corté. Hasta que vi como ella empezó a estimularlo metiéndose un dedo primero y luego dos. Aquello era increíble. Aquello era una locura. Pero que podía hacer sino?? Acomodé mi polla en la entrada de su culo e hice intentos de meterla. Pasé mis dedos por su coño bien húmedo y se los pasé seguidamente por su ano. Funcionó. Mi glande era devorado poco a poco por su culo. Era increíble. Que placer que me estaba dando todo aquello. Ella a su vez empezó a tocarse el clítoris mientras hacia movimientos con su cadera. Se notaba que le estaba gustando. Y a mí no veas!!!

Pasados unos pocos minutos notaba que llegaba mi explosión de leche. Se lo dije: “me voy a correr”. A lo que ella no contestó y si aceleró su automasaje clitoriano y sus movimientos pélvicos. Deduje que quería que se lo dejara todo dentro. Vamos ni en el mejor de mis sueños. Mi polla estaba a punto de reventar en el interior del culo de una desconocida, que ni siquiera he visto su cara, y que todo empezó en el vagón de un metro. Me recorrió todo el cuerpo un calambre de placer, hasta que notando como se hinchaba mi glande, iba regando de semen el precioso culo de la chica. Ella en ese preciso momento emitió un suspiro que deduje que era un orgasmo, mientras no paraba de mover su pelvis y sus piernas casi no le sostenían. Fue verdaderamente increíble, que orgasmo que tuvo que tener ella. Igual o mayor al mio.

Me mantuve dentro de ella un minuto más, mientras recuperábamos el aliento y la respiración. Posteriormente me salí de ella. Me limpié con papel higiénico y me subí los pantalones. Ella se mantenía de espaldas a mí, con los brazos apoyados en la pared, y las mallas en sus pies. Desde esa posición la camisa le colgaba y pude ver sus pechos colgando y enormes. Le pregunté si estaba bien. Con un movimiento de cabeza me indicó que si. Le dijo que le esperaba hasta que se vistiera. Pero en este caso me indicó que no con la cabeza. Seguía todavía con la respiración agitada. Noté como todavía le goteaba del coño sus propios líquidos, fruto de la excitación y el placer. También le empezaban a caer líquido de mi semen desde su culo.

Le dije que me iba y que si no quería que nos conociéramos tras este encuentro. A lo primero me contestó igualmente con movimientos de cabeza que si y a la segunda pregunta que no. Resignado salí del habitáculo y del aseo, que pude comprobar entonces que era el de hombres. Esperé un rato en el exterior pero no salió nadie. No quería marcharme sin conocer a mi folladora particular. A pesar de que llegaba ya tarde al trabajo no me resigné a irme sin más. Quería conocerla. Transcurridos casi 10 minutos entré nuevamente para comprobar si estaba bien. Pero en el mismo lugar donde minutos antes nos habíamos pegado la mayor corrida jamas imaginada no había nada. Solo unos trozos de papel higiénico en el suelo, humedecidos deduje por la limpieza de sus flujos y mis flujos que brotaban de su interior.

Salí y me disponía a entrar en el aseo de mujeres, pero no me atreví pues entraban en ese momento dos señoras. Salí nuevamente fuera y tras otros escasos 10 minutos sin ver que saliera nadie que respondiera físicamente a mi folladora, no me podía entretener más y me tuve que ir.

Fue verdaderamente glorioso. Pasado un tiempo me pasó algo si cabe más increíble. Pude conocer a mi folladora. O eso intuyo. De momento no se realmente si es ella. Pero me encontré cara a cara con una antigua novia de juventud. Llevaba unas mallas blancas súper ajustadas blancas y una blusa que dejaba ver las formas perfectas de unas tetas muy bien operadas. El pelo era moreno, en vez de castaño como cuando salimos, y con una media melena, como mi chica folladora. Estoy seguro que era mi folladora. Supongo que lo averiguaré con el tiempo, pues nos hemos encontrado varias veces en el metro y estamos volviendo a coger la confianza de antaño, cuando nos pasábamos horas hablando de sexo, y de otras cosas. Ya me ha contado lo de su operación de senos y que se machaca bastante en el gimnasio. Todo parece ir encajando. Creo que cuando vuelva a follar con ella (si pasa alguna vez) podré saber si es ella la mujer que me hizo ver el cielo follando como cosacos en unos aseos públicos tras ponernos a tono en un vagón de metro.

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